AMLO clausuró el Nuevo Aeropuerto Internacional de México argumentando corrupción y opacidad en los gastos; sin embargo, parece que Santa Lucía lo superó.

Don Tapscott, destacado economista canadiense y uno de los principales teóricos sobre las implicaciones de la era digital en la sociedad, postuló en su conferencia The Four Principles for the Open World (TED Ed, 2013) que una de las inmediatas repercusiones que había traído la nueva generación de ‘nativos digitales’ y usuarios de las redes sociales era una ineludible transparencia en las organizaciones y gobiernos, debido a que no podrían evitar que los usuarios los observaran y postearan en sus redes la evidente verdad acerca de ellos.

Por un tiempo esto fue así, las redes sociales cobraron una enorme relevancia y poder de denuncia de todo lo que se veía como injusto, abusivo o incorrecto. Sin embargo, después de varios años esta práctica nos ha llevado a una sociedad que se ofende por todo y a una profunda relativización de lo que es la realidad, donde diversos grupos de todos los espectros políticos se sienten poseedores de una verdad absoluta a la que el resto de la sociedad debería de someterse.

Este ambiente de polarización y extrema relativización de los hechos ha permitido a varios políticos encontrar la salida ideal a cualquier crítica u oposición a sus gobiernos, argumentando que ellos tienen su propia verdad, sus ‘otros datos’, sus alternative facts, los cuáles, en lenguaje llano, son simplemente mentiras para justificar las narrativas de sus intolerantes gobiernos.

Como si esta serie de mentiras consecutivas y sistemáticas no fueran suficientes, esta semana el gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue un paso más allá y no solo niega la verdad con falacias mañaneras, sino que ha ido al punto de institucionalizar la mentira y la opacidad por decreto presidencial al ocultar los gastos de ¡todas las obras de su gobierno! con el pretexto de que son un asunto de “seguridad nacional”, esto para evitar que se le cuestione sobre el dinero que gasta.

Justo un día antes de este decretazo se había hecho público que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), adjudicó contratos millonarios a empresas fantasma para la construcción del Aeropuerto Felipe Ángeles. Qué coincidencia. Además, en el evento por el aniversario de la Revolución mexicana, el general Luis Cresencio Sandoval, titular de la propia Sedena, acababa de pedir en su discurso a la ciudadanía que se sume al proyecto de la 4T, esto en un hecho sin precedentes en el México moderno y totalmente fuera de lugar para un jefe militar.

Recordemos que el argumento utilizado por el propio presidente para clausurar el Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX fue que había corrupción y opacidad en los gastos. Entonces, ¿para qué hace lo mismo de lo que se quejó?, ¿no es este decreto un claro indicador de que hay corrupción en las obras del actual gobierno?, ¿no acababa de ir a la ONU a pontificar sobre el combate a la corrupción?

Estas acciones nos demuestran nuevamente cuánto le estorban al actual gobierno la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas, al grado que no le importa dar un paso más para quitarle a los mexicanos sus derechos, todo en aras de mantener un statu quo de profunda corrupción del Estado, pero maquillado con una retórica mañanera que nos miente en la cara sobre su presunta honestidad.

Es de vital importancia no dejar pasar todos estos hechos y recuperar como sociedad ese papel de denuncia que empuja a los gobernantes a ser transparentes y a no actuar en contra de los ciudadanos, las herramientas ya las tenemos.

En otras latitudes digitales…

Siguen pasando las semanas y las medicinas para los niños con cáncer aún no llegan, este es otro claro y terrible ejemplo de como están actuando en contra de los ciudadanos más vulnerables.

Un comentario en «La transparencia estorba a la corrupción de la 4T»

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